P. Berthier y la aparici├│n de Nuestra Se├▒ora de la Salette

Uno de los primeros recuerdos de la Infancia de P. Berthier –como él mismo nos cuenta- es la narración  de la aparición el 19 de septiembre de 1946 de Nuestra Señora de la Salette: “tenía apenas 6 años cuando mi abuela me narró la aparición de Nuestra Señora de la Salette. ¡Qué maravillosos son los caminos de Dios! Yo era un niño y, sin embargo, quedé profundamente impresionado. Tanto me conmovió que nunca lo he olvidado”.

A mediados de julio de 1861, P. Berthier, siendo seminarista, emprendía una peregrinación a la Salette… Desde su anterior visita a la Cartuja, se sentía atraído por la vida religiosa, pero aún no veía con claridad donde Dios lo llamaba. Más tarde comentaría: “era largo el camino de Grenoble hasta corps, pero el deseo de visitar el lugar donde la Madre de Dios había llorado, nos hacía olvidar la distancia y las dificultades”.

Por aquel entonces, la futura Basílica no estaba todavía terminada; cerca de la fuente había una estatua de la Virgen, estaban también las cruces, y decía: “todo era pobre, pero nos emocionamos al ver el lugar que había sido santificado por la Madre de Dios”.

“El pensamiento de que María había santificado este lugar con su presencia, que había regado con sus lagrimas la tierra que pisábamos, la visita de los Misioneros que con tanta dedicación rezaban allí, todo esto me encanto. Visitamos luego a los Misioneros que siempre estaban dispuestos para ejercer su santo ministerio y dedicarse a la salvación de las almas. Me tocó de tal manera que tome la decisión de entrar en su Congregación y al marcharme dije: Aquí volveré”.

Así, seducido por María de la Salette, P. Berthier decide entrar en la Congregación de los Misioneros de Nuestra Señora de la Salette. El Superior Salettino de la época le dijo: “amigo mío, espero que no tengas miedo a las cruces, ya que la Virgen las ha sembrado en cantidad aquí en la Salette”. A lo cual P. Berthier responde: “al contrario, Padre, es exactamente lo que busco. Si la Virgen siembra cruces, procurará también un poco de sol para que puedan crecer, creo yo”.
El 8 de septiembre de 1865, P Berthier hacia su profesión religiosa como Misionero Salettino… Desde ese momento, su propósito fue cumplir con fidelidad el mandato de María: ¡Comunicadlo a todo mi pueblo!.

Como Misionero Salettino, P. Berthier desarrollo grandes dones y cualidades; Misionero infatigable, escritor, predicador elocuente y humilde, promotor y formador de la escuela apostólica, reconocido confesor, etc.

P. Berthier vivía con la constante preocupación de formar misioneros y de dar un espacio a aquellas vocaciones tardías que no encontraban espacios en los seminarios o escuelas apostólicas de la época… Así, vio urgente la necesidad de atender a esta realidad y comenzó a pensar en la fundación de un instituto especial, lo cual en el tiempo derivo en la fundación de una nueva Congregación Religiosa. En la concepción de este plan intervienen dos factores: Por un lado estaba la exhortación de María en la Salette (¡comuniquen esto a todo mi pueblo!) y por otro lado estaban las palabra del Papa León XIII que aludían a la falta de misioneros.

P. Berthier decidió poner a la nueva Congregación bajo la protección de la Sagrada Familia: “no hay mejor forma de unir a los jóvenes que el amor por un mismo ideal y el pertenecer a una misma familia”, y veneramos como Patrona a Nuestra Señora de la Salette.