Reflexiones sobre la consagración y misión de los MSF hoy


1.- La consagración misionera de los MSF

En este año de la VC queremos reflexionar con todos vosotros, queridos cohermanos, sobre nuestra misión, consagración y el compromiso propio de nuestra Congregación MSF.

La Iglesia vive un tiempo de mayor esperanza y recuperación de la perspectiva de futuro tras la elección del Papa Francisco. El modo de comprender la Misión ha cambiado también en los últimos años después del Vaticano II. Por eso, el aggiornamento será siempre necesario y esencial para responder a las nuevas situaciones que surgen en este tiempo de cambios vertiginosos.

El Papa nos ha invitado a "despertar el mundo" mediante nuestro testimonio, con nuestro modo de ser, con la alegría de seguir a Jesús y anunciar el evangelio, con el profetismo de nuestra consagración en medio del mundo actual.

Según el P. Antonio Spadaro sj (director de la Civiltà Cattolica) se ha desplegado una visi√≥n de la VR a la vez muy realista y abierta a los retos del futuro. El Papa nos ha puesto en guardia frente a las hipocres√≠as clericales, la "trata" de religiosos, y la rigidez que impiden afrontar los desaf√≠os del presente (CC pg.5).

Nuestro Fundador, el P. Jean Berthier, nos ha dejado un precioso tesoro, tantas veces escondido, que debemos reencontrar siempre de nuevo, para vivir con autenticidad nuestra identidad misionera MSF. Nuestro carisma misionero, el gran y especial vínculo que nos une a nuestro Fundador, parece ser cada vez más actual, ya que la misión es asumida por toda la Iglesia, y el Papa Francisco en la Evangelii Gaudium acentúa esta dimensión desde el reto de ser una "Iglesia en salida", de ir a las periferias y de implicar a todo el pueblo de Dios en la misión. La misión compete hoy a todos los seguidores Jesús.

Nosotros los MSF, como todos los demás, estamos llamados a ser verdaderamente misioneros en nuestro tiempo. La atención a la familia, propio de nuestro carisma, es también un desafío para toda la sociedad, para la Iglesia y para el mundo de hoy. Como MSF tenemos la obligación de llevar a cabo como ministerio prioritario la pastoral familiar, pero, más que esto, es una verdadera gracia, una forma de encarnar el dolor y la alegría del modelo de la Sagrada Familia. La preocupación por las vocaciones es, ciertamente, un reto para todos los consagrados y para la Iglesia actual. Despertar esto que es propiamiente nuestro y participar en una extraordinaria llamada de Dios y ofrecer el tesoro legado con tanto empeño por Jean Berthier, misionero infatigable, es testimonio de un amor sin fronteras.

La consagración y la misión son parte de una misma cosa. El consagrado lo es para una misión: no existe consagración sin misión y la misión exige una forma de consagración. Esto quiere decir que nuestra consagración hoy nos impulsa, nos llama a la misión; y son tantos los lugares, las fronteras, las situaciones necesitadas que nos reclaman para que salgamos de nuestros intereses particulares para ser parte de la Iglesia, vista como "comunidad en éxodo".

1. La persona del Misionero

El primer punto sobre el que queremos reflexionar es el de la persona del misionero, porque en el contexto de pérdida de identidad y masificación, es bueno recurrir a la personalización, retornar a la subjetividad auténtica, al hombre singular consagrado y misionero, que sufre la influencia de la sociedad actual que tiende al individualismo y a la clausura en uno mismo.

El misionero ha sido tocado por la llamada de Dios en la realidad en que vive, ha hecho la experiencia de un encuentro profundo con el misterio, ha sentido la fuerza del Espíritu para dar pasos hacia la salida de sí mismo y encontrar el camino de la consagración y de la misión.

Este momento inaugural de la vocacion misionera es fundamental para entender la propia misión. Para reavivar la fortaleza de la vida misionera hoy no se puede olvidar la persona, el sujeto, la singularidad. La realización de la misión será también la realización de un ser que sigue el camino original y sorprendente de Jesús. Pero es también verdad que este sujeto es un ser en comunión, una persona que aprende siempre con los demás y vive en comunidad en una familia religiosa, una comunidad, un pueblo.

El misionero como hombre de comunión, singularidad que se desvela ante los otros, se despierta en la bellísima relación con otro que le provoca a crecer, a ser más, a amar más y a ser un hombre comunitario, social, inserto en la belleza y pluralidad del pueblo de Dios. Redescubrir la alegría de anunciar el evangelio de Cristo con la propia vida, con el amor vivido en gratuidad, y en la solidaridad con los más necesitados nos ayuda a ser hombres consagrados alegres, proféticos y de comunión.

2. La comunidad internacional misionera

El P. Berthier es el fundador de una Congregación internacional que quiere vivir la misión de manera fraterna. Al Fundador le encantaba estar junto con sus misioneros, sus amigos, porque se daba cuenta de la importancia de la vida comunitaria y la diversidad para llevar a cabo su proyecto religioso misionero. El sujeto y la singularidad recogen en la vida comunitaria los retos para profundizar y desarrollar su propio deber personal, pero también compartir los dones recibidos y aprender continuamente con los otros cohermanos.

Como ha dicho el Papa Francisco a los Superiores Generales: es posible vivir diversamente en este mundo. Estamos hablando de una mirada escatol√≥gica, de los valores del reino encarnados aqu√≠, sobre esta tierra... Los religiosos siguen al Se√Īor de una manera especial, de un modo prof√©tico. Yo espero de vosotros este testimonio. Los religiosos deben ser hombres y mujeres capaces de despertar el mundo. (Spadaro, la Civ. Cat. 165 (2014/1),5).

Despertar el mundo es asumir de un modo diferente la misión como misión de nuestras comunidades, de nuestra Congregación, asumiendo la universalidad y la interculturalidad. Una comunidad abierta al mundo, al diálogo, a la diferencia, a los desafíos de crear relaciones cualificadas en medio del Pueblo de Dios. Es cierto que en nuestras comunidades hay conflictos, pero será necesario afrontar los conflictos con sabiduría y atención para encontrar un camino de crecimiento de todos en la comunidad. Por eso, el reto es ser una comunidad con la m√≠stica del encuentro y la espiritualidad misionera. El testimonio cristiano de los consagrados y consagradas implica un modo de vivir como personas sencillas, en caridad, llenos de alegría, comunitarios, solidarios y audaces en la profecía. Lo escatológico es justamente este ser diferentes, que sea un signo, que anticipa aquello que vendrá, el Reino de Dios.

Las comunidades internacionales parecen ser verdaderamente un signo interesante de lo nuevo en nuestro camino congregacinal, porque hace posible experimentar la belleza y también, a veces, la cruz de la diversidad. Pero justamente en este sentido se da también la oportunidad de compartir lo mejor y la posibilidad de aprender tanto con los otros. Hoy, más que en otro tiempo, se nos presenta el reto de progresar y hacer de nuestras comunidades un lugar donde se realiza la verdad del evangelio: la vida de oración, el compartir nuestras formas de pensar, nuestros sentimientos, nuestros dones, con un amplio sentido de estar unidos para la misión, y la pasión de evangelizar y de misionar, siendo así un signo elocuente en nuestro mundo contemporáneo.

Queremos subrayar aún la internacionalidad como indispensable para ser un consagrado de hoy. El mundo actual se presenta tan complejo y plural... Por todas partes hay personas de diversos países, culturas, etnias y modos diversos de ser y pensar. Por eso será importante que podamos como misioneros consagrados hacer desde el comienzo la experiencia de la internacionalidad. Estaremos más preparados y aggiornados si podemos vivir en una comunidad internacional. El XIII Capítulo General MSF ha señalado la "comunidad internacional" como una vía a incrementar, pero para eso debemos cambiar de mentalidad, y abrir nuestra mente para avanzar rápidamente en esa dirección. ¿Cómo se podrá realizar un mayor intercambio de misioneros entre las Provincias? ¿Quién de nosotros está abierto a participar en misiones de frontera y en las comunidades internacionales de nuestra Congregación?

3. Algunos desafíos misioneros de los consagrados de hoy

El Año de la Vida Consagrada nos invita a vivir con alegría nuestra consagración y misión, por eso debemos ser proféticos, vivir la verdadera comunión con nuestros cohermanos, con la Iglesia y con el pueblo de Dios, con la creación, y hacerlo con alegría, con la ternura revolucionaria del Reino. Para entender lo que vivimos hoy, hemos de considerar que el cambio de lugar es una constante, el mundo es, como decía Mc Luhan, una verdadera "aldea global".
Los retos misioneros de nuestro tiempo son muchos, porque vivimos en un tiempo de cambios vertiginosos en las sociedades contemporáneas. El mundo de hoy ofrece a la vida misionera una realidad de nuevas provocaciones que empujan a la vida consagrada a salir de sus nidos confortables para ir a las periferias, para hacer nuevos caminos, para estar en medio del mundo sin ser del mundo.

¿Cómo afrontamos todas estas provocaciones? ¿Con creatividad o pasivamente? ¿Estamos instrumentalizados o somos capaces de ofrecer algo nuevo? ¿Asumimos el protagonismo o somos meros espectadores? ¿Somos operativos o permanecemos inertes sin mover un dedo?

Salir de nuestros nidos confortables en los que habitamos es un reto exigente pero necesario. Reencontar la cercanía de los pobres, ir a las periferias, ir a las fronteras más necesitadas y ser fraternos con aquellos que tienen necesidad... Los nuevos caminos nos invitan a avanzar y a acercarnos también a las nuevas fronteras existenciales: una situación existencial donde se vive al límite, pero también la posibilidad de realizar de otro modo la experiencia de Dios. Las nuevas enfermedades, los encuentros y desencuentros de identidad, las situaciones al margen de la Iglesia y de la sociedad... ¿Cómo afrontar creativamente estas situaciones y ser misericordiosos, acogedores, servir de ayuda y ser profecía?

El proceso de urbanización con la migración permanente de la gente, la autoreferencialidad del sujeto que se encierra en sí mismo, las nuevas tecnologías del mundo digital y la comunicación, la pluralidad de tomas de posición de cara a la vida, las nuevas formas de familia, la mayor presencia de la mujer y de lo femenino desafían a los consagrados y consagradas misioneros a estar aggiornados para responder, o al menos ser signos del evangelio hoy.

Será importante asemejarnos a nuestro Fundador, no en los modos de su tiempo, sino en su estilo y actitudes: la pobreza y sencillez, la audacia evangélica, la vivacidad, la apertura del corazón y la mente a los desafíos de su tiempo, la creatividad, la capacidad de comunicarse, y el don de entregar su vida por el Reino de Dios, y su entrega constante al anuncio de la Buena Noticia del evangelio.

Los misioneros consagrados estamos llamados a estar, como en los comienzos de la fundación, en medio de los pobres, de los que sufren, de los que están lejos de la Iglesia o la sociedad, en el sentido de promover una vida digna para todos. Y lo que es más importante, el modo de hacerlo, de vivir, a la manera de Jesús el Maestro, de modo fascinante y atrayente, encantador y solidario.

Si la VC quiere ser signo prof√©tico, esto pasa hoy a trav√©s de una llamada a lo esencial de nuestra fe, a una Iglesia m√°s √°gil, m√°s pobre, servidora, m√°s capaz de habitar en las periferias geogr√°ficas y existenciales, m√°s cercana a sus fuentes, (se ha hablado de una Iglesia m√°s apost√≥lica, m√°s reconocible por la centralidad de las acciones del Esp√≠ritu...). La VC ser√° signo prof√©tico si sabe expresar el sentido y el coraz√≥n de lo humano, si sabe expresar sabidur√≠a, si sabe hablar del hombre al hombre, dej√°ndose inspirar por el Se√Īor y por su carisma (Pallud, Asamblea USG, 2014, p.48).

Nuestro XIII Capítulo General ha pedido la organización de comisiones misioneras en las Provincias, de avanzar en la animación misionera de nuestros cohermanos y de los laicos que trabajan con nosotros, de hacer el camino de la conversión misionera de nuestras parroquias, de dar vida en las Provincias a centros de estudio, de formación misionera, y de desarrollar un programa de base para la formación misionera durante la formación inicial. También será fundamental la formación misionera permanente.

Tantas otras cosas se podrían decir en cada región del mundo que desafían a la VR misionera de los MSF en nuestro tiempo. En vuestra comunidad, ¿qué se puede añadir sobre nuestra misión de los MSF hoy? Será importante compartir nuestra reflexión con los cohermanos, con nuestras comunidades, y con nuestras Provincias y Congregación.

¿Qué podemos mirar del pasado con gratitud, vivir el presente con pasi√≥n y abrazar el futuro con esperanza como pide el Año de la VC?

Cuestiones para compartir:

  1. ¿Cómo vivo mi consagración y misión? ¿Qué puedo hacer para avanzar en sentido misionero?

  2. Nuestra comunidad ¿comparte y piensa nuestra misión como misión de la comunidad MSF?
    ¿Cómo podemos progresar en este sentido de ser "comunidad internacional"?

  3. ¿Cuáles son, en mi opinión, los principales desafíos misioneros que representan una provocación para mí y para nosotros en el día de hoy?

Roma, maggio 2015


Commissione di Missione MSF

P. Julio Cesar Werlang MSF
P. Patrice Ralaivao MSF
P. Fernando Lopez Fernández MSF
P. Elmar Luiz Sauer MSF
P. Antonius Garinsingan MSF
P. W?odzimierz Burzawa MSF
P. Philip Sosa MSF